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La cultura de empresa es la brújula – Actición® – 10 Espíritu de superación

Brujula

Simplificando mucho la cuestión, podríamos decir que el que una sociedad sea más colaborativa o más competitiva está determinado por factores culturales tales como la estructura social, los valores o creencias y las tradiciones. Estos niveles de colaboración o competitividad tienen, a su vez, distintos ámbitos según donde se manifiestan, si internamente o externamente.
Así, hay sociedades en las que la competitividad está muy potenciada en niveles internos, todos compiten con todos. Mientras que otras, en sus niveles internos, fomentan mucho más la cooperación y la competitividad. Estas últimas, la competitividad la plantean únicamente de cara al exterior, todos colaboran para competir conjuntamente con otros.
En el sistema de mercado, las empresas solo debieran competir en el exterior, con otras empresas. Sin embargo, tras analizar muchas empresas en las que desarrollo procesos de Coaching para el cambio cultural, puedo afirmar que aquellas en las que se da mucha importancia a identificar y desarrollar culturas en las que se maximice la colaboración interna para desarrollar altos niveles de competitividad en el exterior, son más bien escasas.
En muchas empresas los valores culturales arraigados hacen que la competitividad esté mal entendida y como consecuencia se dan resultados totalmente indeseables.
Bajo mi punto de vista, la clave está en el equilibrio entre un nivel de competividad que estimule al desarrollo y la colaboración a nivel interno y que haga posible el logro de metas conjuntas que individualmente serían imposibles de alcanzar. Este equilibrio se alcanza cuando la competitividad que se estimula en la empresa y en cualquier otro ámbito es aquella en la que el individuo se esfuerza por superarse a sí mismo para contribuir en la mayor medida posible a la meta general. Este es el foco donde debe apuntar nuestra competitividad.
Según la orientación que la cultura de la empresa da a la competitividad, es decir, según la brújula que proporciona a sus trabajadores, sea cual sea la posición que estos ocupen, van a sentirse y estar de forma distinta, y ese sentir y estar se relaciona directamente con sus niveles de rendimiento.
Si la cultura de la empresa fomenta de forma exacerbada la competitividad interna, la brújula que guiará a las personas será o bien la envidia o bien la desidia. Las personas se sentirán estresadas o desanimadas. Los niveles de rendimiento de los estresados serán engañosos y peligrosos para la empresa, puede que incluso sean altos a corto plazo, pero es seguro que a medio o largo plazo no serán válidos, están basados en ese valor tan pernicioso para las empresas que dice que el fin justifica los medios. Por otra parte, los niveles de rendimiento de los que caen en el desánimo serán, evidentemente, mucho más bajos del que posibilita todo su potencial.
Por el contrario, cuando la cultura de la empresa fomenta la competitividad basada en la superación de uno mismo y en la contribución a la meta general, la brújula que aporta es un espíritu de superación que proporciona un estado que yo llamo “Acticionado®”. Este estado genera actitudes positivas producen resultados positivos y equipos de alto rendimiento.


Actitud:

Desarrollar valores corporativos que impulsen el espíritu de superación de todos los integrantes de la empresa basados en la automejora produce equipos de trabajo de alto rendimiento.

Acciones:

1º Identifico los valores actuales que imperan en la empresa que inciden que menoscaban la consecución de las metas generales.

2º Definir nuevos valores que sustituyan a los viejos. Estos valores tienen que impulsar a las personas hacia el logro de mejores resultados basados en sus niveles de rendimiento y no en los de los demás.

3º Alinear nuevo valores con competencias y con acciones. Primero para el nivel de dirección, después para el resto de niveles jerárquicos.

¡Mamá, papá, mirad como buceo!… Actición® 9 – Reconocimiento

buceando

¿Quién no ha exclamado esto alguna vez?, y si tienes hijos, ¿te han llamado la atención así?

Las personas necesitamos sentirnos reconocidos en cualquier ámbito en el que estemos desenvolviéndonos. Necesitamos sentirnos aceptados por los demás.

Sin duda, la etapa de nuestra vida en la que sentirnos reconocidos es más importante, es en la niñez. En esta etapa de la vida el reconocimiento positivo refuerza la imagen global que el niño tiene de sí y predetermina futuros niveles de autoestima. Me viene a la mente  una de las situaciones más comunes en la que muchos niños solicitan expresamente reconocimiento es cuando empiezan a realizar progresos en la piscina y aprenden a bucear, a tirarse de cabeza… no se cansan de solicitar de sus padres su aprobación y reconocimiento por su esfuerzo y por el logro conseguido ¡papa, mira como me tiro! ¡mamá, mamá, mira como buceo!. En otras situaciones, sin embargo, cuando los niños no reciben atención por parte de los adultos, por ejemplo cuando están solos en una reunión de adultos, pueden llamar su atención realizando alguna acción que seguramente será reprendida. Están reclamando reconocimiento aunque sea negativo. El riesgo viene cuando esta situación se cronifica y solo se manifiesta el reconocimiento de forma negativa.

Esta situación es muy frecuente en el ámbito laboral, donde como en todos los ámbitos el reconocimiento es una condición necesaria (en unos casos más y en otros menos) para que las personas expresen todo su potencial.

Hay distintos tipos de reconocimiento, el más sencillo es el de felicitar a alguien, aunque muchas veces la gente se ve reconocida simplemente con una breve conversación o incluso con un simple saludo. Como hemos visto, el otro tipo de reconocimiento es el negativo, este es el más común y el más peligroso. Este reconocimiento se debe expresar solo en situaciones de emergencia con la precaución de que siempre tiene que situar el foco en la tarea no en la persona, manteniendo un estado emocional sereno.

Muchas personas se encuentran en situaciones en las que ante la falta de resultados extraordinarios solo observan los fallos. Esto genera un círculo vicioso que es necesario romper. En nuestros procesos de Coaching este es, sin duda, un aspecto que trabajamos mucho mediante nuestro modelo Actición®, es decir redefiniendo actitudes y planteando acciones que las lleven a la práctica. Esta es una Actición® que puede servir de ejemplo.

Actición® 9 Reconocimiento

Actitud:

Las personas necesitamos reconocimiento, el reconocimiento negativo produce un círculo vicioso que se va haciendo más grande y más difícil de eliminar. Se puede romper este círculo mediante la generación de un sistema de reconocimiento positivo que propicie que las personas sientan que el éxito produce más atracción y que tomen medidas para conseguirlo. Este sistema de reconocimiento hace que el clima laboral sea estimulante y mucho más productivo.

Acción

Planifico las situaciones en las que es imprescindible proporcionar reconocimiento positivo a mis colaboradores.

1) Establezco un sistema de reconocimiento para poner de manifiesto la productividad de las personas y sus contribuciones a la empresa. Este sistema incluye tres situaciones diferentes merecedoras de reconocimiento según el tipo de rendimiento:

Rendimiento extraordinario. Es imprescindible reconocer aquello que trasciende el rendimiento estándar. Las personas que superan los objetivos deben ser felicitados.

Rendimiento constante. Este tipo de rendimiento es fundamental para la empresa, proporciona base y sostenimiento para que la empresa prospere.

Rendimiento en progreso. Si las personas están mejorando sus niveles de rendimiento es necesario reforzar la mejora que están consiguiendo, aún cuando puedan estar por debajo de la media. El progreso debe ser siempre reconocido

2) Planifico como voy a reconocer a las personas, estableciendo para cada nivel de rendimiento si debe ser en público o en privado y dispongo mecanismos formales tales como reuniones, medios escritos, etc. así como mecanismos informales como diálogos o encuentros casuales para hacerlo efectivo.

Nueva actividad: Coaching con Caballos

Liderazgoconcaballos

Hemos incorporado una nueva actividad al desarrollo de nuestros programas de Coaching de Liderazgo y de Equipo, se trata de una jornada de “Liderazgo con Caballos”.
En ella planteamos un mix de dinámicas en las que utilizamos a caballos como protagonistas. A través de la experiencia de observar las respuestas de los caballos a nuestras peticiones, los participantes aprenden a comunicarse más efectivamente, afrontar sus miedos, mejorar su capacidad de influencia, y gestionar mejor el estrés. Se trata de que los participantes profundicen en su autoconocimiento, tomen conciencia de sus emociones, se coordinen como equipo teniendo que definir roles, estrategias y comunicándose con el fin de alcanzar los objetivos propuestos.

Canal 9 se hizo eco de la noticia y nos hizo un breve reportaje que emitió en su informativo de medio día.

Puedes solicitarnos información en el apartado de contacto

Actición 7 – Proactividad e Iniciativa

Proactividad_Iniciativa

El término proactividad proviene de la traducción del libro de Victor FranklEl hombre en busca de sentido”. Erróneamente, quizás porque la palabra no se encuentra en nuestro diccionario, solemos atribuir a este concepto un significado relacionado con la disposición a hacer muchas actividades o muchas cosas, a estar muy activos.

En realidad, el significado que da Victor Frankl a la proactividad es el de “la libertad de elegir nuestra actitud frente a las circunstancias de nuestra propia vida”. Por tanto, como nuestra vida transcurre en un constante cambio, se puede decir que la proactividad tiene que ver con la disposición o actitud de las personas a ser protagonistas en la producción de cambios. Cambios que tengan que ver con los propios estados emocionales, con el aprovechamiento de oportunidades, con la identificación de necesidades o de problemas que es necesario resolver.

Por otra parte, la iniciativa la podemos asociar con la acción que trasciende a esa actitud proactiva. Si la proactividad es disposición, la iniciativa es acción.

La definición de iniciativa que propongo tiene que ver con cuatro ámbitos de actuación:

1)    La capacidad para identificar oportunidades y necesidades, tanto personales como externas.

2)    La capacidad para establecer las acciones necesarias que tengo que hacer para aprovechar las oportunidades o satisfacer las necesidades.

3)    La capacidad para determinar el tiempo y el plazo de actuación

4)    La capacidad de actuar autónomamente, sin que nadie me lo tenga que indicar.

¿Qué ocurre si no desarrollamos alguna de estas capacidades?

Lo que ocurre es que las cuatro capacidades forman un todo, son complementarias y necesarias, en el momento en que dejemos fuera alguna de ellas, la iniciativa no será tal. Será buena capacidad imaginativa, buena intención o mucho trabajo sin resultados por falta de enfoque. Para que no nos dominen las circunstancias tenemos que completar el puzle con las cuatro piezas.

A partir de mi amplia experiencia como Coach, he identificado que todas las personas tenemos dificultades para completar ese puzle.

Así, hay personas que tienen una gran capacidad para identificar oportunidades, sin embargo luego no son capaces de determinar las acciones necesarias. O al contrario, son capaces de plantear muchas acciones pero no darán ningún resultado porque no tienen conexión con una finalidad previamente determinada. O son muy imaginativas y con capacidad para establecer los planes pero no son perseverantes.

La Actición que propongo está relacionada con una actitud proactiva y con acciones que desarrollen la iniciativa.

Actitud:

Soy dueño de mis emociones y sentimientos, poseo la libertad de elegirlos. Puedo elegir entre dejarme arrastrar por las circunstancias externas y sentirme frustrado o deprimido o tomar la iniciativa y asumir mi capacidad para producir cambios. Así que siempre elijo llevar las riendas y tener el control.

Acciones:

¿Qué acciones puedo llevar a cabo para desarrollar iniciativa?

1)    Relacionadas con la capacidad para identificar oportunidades y necesidades tanto personales como externas.

Haz una lista de oportunidades que tengas en mente desde hace algún tiempo. Seguro que tienes una batería de ideas  o proyectos que rondan por tu cabeza pero que no has plasmado por escrito ¡Escríbelos!

2)    Relacionadas con la capacidad para establecer las acciones necesarias que tengo que hacer para aprovechar las oportunidades o satisfacer las necesidades.

Determina qué tienes que hacer, establece soluciones a los obstáculos ¡Marca la ruta a seguir!

3)    Relacionadas con la capacidad para determinar el tiempo y el plazo de actuación.

Establece el tiempo y la periodicidad del trabajo ¡Fija fechas límites para cada acción!

4)    Relacionadas con la capacidad de actuar autónomamente, sin que nadie nos lo tenga que indicar.

Empieza a actuar y establece un método de seguimiento que te indique el progreso ¡Hazlo ahora!

Actición 6 – Imagen personal positiva

Auto-imagen

Desde una perspectiva puramente individualista, somos lo que creemos que somos porque actuamos según la clase de persona que creemos ser.
La imagen personal que tenemos de nosotros mismos afecta nuestra productividad porque esa auto-imagen es la que proyectamos a los demás y es la que finalmente perciben los demás sobre nosotros. Además, también determina como empleamos nuestro tiempo.
Las personas que tienen una imagen de sí mismas como fracasadas, inevitablemente fracasan. Porque teniendo ese pensamiento, por mucho que intenten transmitir a los demás una imagen más positiva, no importa cuánto empeño pongan en ello, no lo conseguirán.
Las personas con una imagen personal negativa, independientemente del tiempo que dediquen a trabajar y aun haciendo un gran esfuerzo para tener éxito, enfocarán ese esfuerzo para reafirmar su imagen negativa, obtendrám malos resultados. Su único éxito será que se cumpla su profecía, esa que les dice que no son capaces.
Por el contrario, las personas con una imagen personal potente, enfocan sus actividades y su esfuerzo hacia la consecución de resultados. Proyectan su imagen positiva al nivel de resultados que desean conseguir y los consiguen.
La imagen que tenemos la hemos ido construyendo a lo largo de nuestra vida, pero fue en nuestra infancia cuando se pusieron los cimientos de esa imagen. Si te repetían constantemente que eras demasiado pequeño o que no sabías lo suficiente para hacer algo que querías hacer, pudiste haber aceptado esa valoración que hicieron otros sobre ti y haber continuado hasta hoy considerándote incapaz de alcanzar el éxito posible en algunas facetas de tu vida. De otra forma, si te felicitaban por los logros obtenidos, seguramente entendiste que podrías hacer todo lo que te propusieras.
Ahora, como adultos, tenemos la capacidad de realizar cambios. Es posible cambiar actitudes derrotistas o pensamientos negativos. Todos tenemos mucho más talento y más capacidades de lo que imaginamos. Precisamente, de lo que se trata es de cambiar esa imagen, de hacer algunos retoques. Construir una nueva imagen que elimine las distorsiones que hayamos ido generando a lo largo del tiempo.
Para ello, tenemos que cambiar nuestra actitud y poner en marcha un plan de acción. Te propongo esta actitud de cambio y este plan de acción.

Actitud:
Mi auto-imagen es un elemento clave para desarrollar con éxito los planes de acción que me conducen al logro de mis metas. Puesto que mi auto-imagen es un conjunto de actitudes que he ido desarrollando a lo largo del tiempo y las actitudes son hábitos de pensamiento, es mi responsabilidad desarrollar permanentemente una auto-imagen que favorezca el logro de mis metas.

Acción:
Identifico las viejas actitudes que están distorsionando mi auto-imagen. Para ello, respondo a algunas preguntas del tipo:
• ¿En qué me siento débil?
• ¿En qué situaciones tengo temor a no estar a la altura que exijen las circunstancias?
Una vez identificadas las viejas actitudes, el siguiente paso es eliminarlas y sustituirlas por otras nuevas que elijo deliberadamente.
El proceso de sustitución es muy sencillo, consiste en definir la nueva actitud y establecer formas de comportamiento asociados a cada una de ellas.
Por ejemplo, una vieja actitud que puedes querer cambiar puede ser la de eliminar el temor al fracaso que provoca la demora injustificada en la toma de decisiones importantes. Y la nueva actitud que has elegido es la de “afronto con valentía la toma de decisiones importantes porque siempre obtengo balance positivo”.

Ahora veamos qué acciones tengo que llevar a la práctica para conseguir el cambio:

1. Analizo el nivel de éxito que he obtenido en decisiones tomadas en el pasado. Para hacer este análisis puedes hacer una lista de las siete decisiones más importantes que has tomado este año. Clasifícalas, según los resultados obtenidos, como Inadecuada, Regular, Buena o Excelente. Seguramente el balance será positivo y ello generará una elevada dosis de confianza.
2. Cuando me surge la necesidad de tomar una decisión, describo por escrito la decisión a tomar. Tengo que contestar a la pregunta ¿Qué tengo que resolver?
3. Establezco el nivel de importancia que tiene tomar esta decisión, identifico los beneficios. ¿Por qué es importante tomar esta decisión?
4. Establezco una fecha límite que esté acorde con la necesidad que tenga. ¿Cuándo tiene que estar tomada?
5. Seguidamente, establezco el modo para recoger la información necesaria que me sirva para tomar la decisión. Si es necesario implico a otras personas en esta fase de evaluación. ¿Qué información necesito?
6. Tomo la decisión más adecuada y me comprometo con ella.

¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?

Actitud más Acción

Siempre que tenemos dudas acerca del origen de alguna cosa que se produce a sí misma,  solemos hacer esta pregunta de equivalencia ¿Qué fue primero la gallina o el huevo?

Parece que los científicos ya han resuelto este antiguo enigma. La explicación que dan los Biólogos genetistas es muy sencilla. El material genético de un ser vivo no se transforma durante su vida, es en el proceso de reproducción donde se producen las mutaciones. Las aves derivan evolutivamente de los reptiles, así que en alguna puesta de huevos de uno de estos reptiles, alguno o algún grupo de esos huevos contuvieron el material genético que dio lugar a lo que hoy conocemos como gallina. Por tanto, la respuesta no ofrece dudas, lo primero fue el huevo.

En otro orden de cosas, pero bajo el mismo tipo de cuestión, es muy frecuente plantearse ¿Qué es primero, la actitud o la acción? Leer más

El muchacho de los cabellos verdes

El muchacho de los cabellos verdes

El cine es una escuela inabarcable. Podemos encontrar lecciones acerca de todo lo que se nos ocurra. Ni que decirse tiene que, como en todas las escuelas, las lecciones reflejarán las ideas, los puntos de vista y los conocimientos de todos los que intervienen en la creación de las historias que se cuentan. En esta secuencia de la película de Joseph Losey “El muchacho de los cabellos verdes” (1948) se ilustra magistralmente la paradoja entre la tendencia cultural que tenemos la mayoría de nosotros a no aceptar la “diferencia” y  la necesidad que tenemos de aceptarla dado que todos somos diferentes. Pero no por el color de nuestro pelo,  no por el color de nuestra piel, sino que somos diferentes porque vemos y sentimos las cosas de forma diferente. Son estas diferencias las que hacen estimulantes nuestras vidas. Para manejar la diferencia lo primero es aceptarla.

Otra lección que nos deja este breve fragmento, es Leer más

La Comunicación Efectiva

Sócrates

Si por algo se está caracterizando esta época en la que vivimos es sin duda por los avances que se están produciendo en los sistemas de comunicación. Tanto es así, que en estos momentos a muchas personas nos resulta muy difícil no sólo utilizar los últimos avances disponibles, sino que también nos resulta imposible el conocer todas las posibilidades que ofrecen los nuevos medios de comunicación que tenemos a nuestro alcance.

El teléfono móvil con función exclusiva de teléfono es un aparato muy “anticuado”, se ha impuesto el teléfono inteligente con múltiples opciones de comunicación. Según un informe de Leer más

Liderazgo: Factor clave para la recuperación

Un más que probado axioma sociológico, enunciado por William I. Thomas en 1928, señala que “si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias”

A partir de esta afirmación podríamos sostener que, en el presente, obtenemos distintas consecuencias procedentes de dos tipos de causas o efectos. El primer tipo de consecuencias es el que se deriva de sucesos reales, de hechos concretos.

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El Paradigma Deportivo

Todos los deportistas tienen que tener, en general, buenas condiciones físicas. También es cierto que cada disciplina deportiva requiere mayor exigencia de unas que de otras. Y todos los deportistas, sin excepción, para estar en las posiciones de privilegio, en la élite, tienen que coincidir en tener determinadas actitudes. Una actitud que claramente les caracteriza es aquella que les predispone a mejorar permanentemente. Sin una actitud de mejora y perfeccionamiento constante no hay avance. Leer más

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